Zamora CF - Villarreal B: el Ruta dictará sentencia en la lucha por el ascenso a Segunda División
Después de una semana de ánimos, arengas y mensajes que invitan a la épica, llega el momento de la verdad: el Ruta de la Plata toma la palabra y decidirá si este Zamora CF 25-26 sigue añadiendo páginas a la historia del club rojiblanco y se mantiene vivo en la lucha por el ascenso a Segunda División. El rival ya está decidido, y el Sabadell, en el que militan exrojiblancos como Joel Priego, Agustín Coscia y Rodri Escudero, se convirtió este viernes en el primer finalista tras remontar un 2-0 ante el Castilla y eso es, precisamente, lo que quiere emular la plantilla de la capital del Duero. Tras la dolorosa derrota en el Mini Estadi, en el vestuario zamorano hay muchas ganas de partido y los días se han hecho largos para unos futbolistas que claman venganza ante el Villarreal B de David Albelda que desembarcará en el Municipal con una ventaja de dos goles que los de Óscar Cano tratarán de enjugar arropados por miles de aficionados que darán color y ambiente a las gradas. truewildslot.com
El entrenador granadino confirmó que ve a los suyos preparados para esta nueva batalla y dispuestos a no escatimar un ápice de energía para obrar la épica y alargar dos semanas más la temporada. En este sentido, desde el staff han preparado este partido de vuelta con la minuciosidad habitual, y conscientes de que deben hacer cosas distintas para superar a un filial "amarillo" que no solo tiene potencial arriba, sino que también es profundamente sólido, y además deben estar preparados para los distintos escenarios que pueden darse durante los noventa minutos, sabiendo que un empate en el marcador global al término de la prórroga daría el pase al Zamora CF al haber quedado mejor posicionado en la clasificación liguera.
"Hay que hacer cosas distintas porque el ambiente va a ser diferente, nuestra gente va a estar con nosotros y hay que fluir con ellos. Evidentemente espero un partido algo distinto, pero después el fútbol es el que manda, por eso es tan grande este deporte, por eso es tan bonito", recordó el responsable del banquillo que tendrá como única baja confirmada la de Farrell tras la recuperación se Miki Codina y Sergi López. De este modo, y ante el anuncio de posibles cambios se hace más complicado el acertar al 100% el once titular que pondrá en juego el entrenador del cuadro zamorano, pero también es cierto que tampoco se aguardan revoluciones ni "ataques de entrenador".
Así, parece clara la portería con Fermín Sobrón, y como defensa se colocarían Diego Moreno y Miki Codina en los laterales para dejar a Erik Ruiz y Luismi Luengo en el centro de la defensa. A partir de ahí, Markel y Carlos Ramos volverán a controlar el centro del campo y es en la parte más ofensiva donde podría haber alguna variante. Una opción pasaría por Sancho y Abde Damar en los extremos, para dejar a Kike Mázquez en la mediapunta y Mario Losada como hombre más adelantado.
Este sería un equipo que ha aportado fiabilidad y que deja pólvora en la recámara, aunque no hay nada asegurado, solo las ganas que tiene que equipo de seguir vivo y no decir adiós a la temporada, y es que a estas alturas nadie quiere irse a casa pero para ello hay que torpedear al "submarino amarillo".
Florentino ganará las elecciones, pero perderá poder
Veinte años después, el Real Madrid volverá a vivir unas elecciones de verdad. Y aunque todo apunta a que Florentino Pérez seguirá ocupando el sillón presidencial, esta vez la victoria tendrá un sabor distinto. Ganará en las urnas, sí, pero perderá una parte importante del poder absoluto que ha ejercido durante las últimas dos décadas.
La democracia ha regresado a la Casa Blanca y, visto lo visto, a Florentino no le ha sentado demasiado bien. Acostumbrado a gobernar sin oposición real y con escasas explicaciones públicas, el presidente blanco se ha visto obligado a bajar al barro de la campaña electoral. Y ahí han aparecido grietas que hasta ahora permanecían ocultas.
Porque, paradójicamente, ha sido el propio Florentino quien ha contribuido a crear este escenario. La aparición de Enrique Riquelme como candidato alternativo ha obligado al madridismo a debatir, comparar y cuestionar decisiones que durante años parecían intocables.
El aspirante ha ofrecido una imagen de persona preparada, con ganas y dispuesto a comerse el mundo, pero muchas de sus promesas de fichajes han sido desmontadas en cuestión de horas, restándole credibilidad ante los socios.
Aun así, la sensación es que Florentino ha quedado más expuesto de lo que esperaba. Especialmente tras aquella rueda de prensa que ya forma parte de los momentos más incómodos de su trayectoria presidencial. Una comparecencia en la que, lejos de reforzar su liderazgo, acabó mostrando públicamente todas sus debilidades, contradicciones y viejas cuentas pendientes.
Por eso, aunque la victoria parece asegurada, nada volverá a ser exactamente igual. Florentino ha diseñado unas elecciones para ganarlas, o mejor dicho, para que nadie pudiera arrebatárselas. Pero el simple hecho de haber tenido que competir ya supone una derrota parcial.
A partir de ahora, Florentino estará más fiscalizado y el Madrid más dividido. Habrá más preguntas, más control y menos margen para actuar sin rendir cuentas. Ganará las elecciones, sí. Pero perderá una parte de ese poder que durante años consideró innegociable y, además, tendrá delante una oposición que le controlará.
"No dejéis escapar a Bernardo Silva"
La frase, pronunciada por una persona muy cercana a Bernardo Silva tras el amistoso que Portugal disputó ante Chile en Lisboa como preparación para el Mundial, resume bastante bien la sensación que existe alrededor de una de las operaciones que pueden marcar el verano. Porque mientras desde fuera se ha instalado la percepción de que el futuro del internacional portugués apunta de forma natural hacia el Barça, la realidad es que la situación está mucho más abierta de lo que parece y que, pese a que el conjunto blaugrana continúa siendo la opción que más seduce al jugador, nadie en su entorno da por hecho que la historia vaya a terminar necesariamente en el Camp Nou.
De hecho, el propio Bernardo Silva se encargó de rebajar cualquier sensación de acuerdo inminente cuando atendió a SPORT en la zona mixta del Estádio Nacional do Jamor. El centrocampista, que acaba de cerrar una etapa extraordinaria en el Manchester City después de convertirse en uno de los futbolistas más importantes de la era Guardiola, reconoció que el Barça es una de las posibilidades que contempla, aunque insistió en que todavía no ha tomado ninguna decisión. Más significativa incluso fue la explicación que acompañó a esa respuesta, ya que aseguró que terminará jugando allí donde sienta que realmente le quieren, un matiz que adquiere una importancia especial teniendo en cuenta cómo se está desarrollando la batalla por su fichaje.
Bernardo ha sentido durante las últimas semanas que existe un club dispuesto a hacer todo lo posible para convencerle de que su futuro pasa por otro lugar distinto a Barcelona: el Atlético de Madrid, que está trabajando con una intensidad notable para intentar adelantarse al Barça en una operación que considera estratégica y que, además, encajaría perfectamente dentro de la idea de reforzar el proyecto de Diego Simeone con un futbolista diferencial.
Al frente de esa ofensiva, sobre todo, se encuentra Mateu Alemany, que está desempeñando un papel absolutamente protagonista en los contactos con el entorno del jugador y que considera que Bernardo Silva puede convertirse en uno de los grandes movimientos del mercado. El actual director deportivo rojiblanco conoce perfectamente el funcionamiento interno del Barça y también sabe que la voluntad del futbolista favorece claramente a la entidad blaugrana, motivo por el que ha centrado buena parte de sus esfuerzos en convencerle de que en el Metropolitano encontraría un contexto ideal para liderar un proyecto ambicioso y convertirse en una referencia absoluta.
Y es precisamente ahí donde la operación adquiere una dimensión todavía más interesante. Porque más allá de la disputa entre dos de los clubes más importantes de la Liga, en los despachos existe la sensación de que Bernardo Silva se ha convertido en un objetivo especialmente simbólico para Deco y Mateu Alemany, dos ejecutivos que compartieron espacio en el Barça y cuya relación nunca terminó de ser especialmente cercana. Nadie plantea la operación en términos personales, pero es evidente que ambos son plenamente conscientes del valor que tendría imponerse en una negociación de este calibre.
Por parte del Barça existe tranquilidad porque saben que la predisposición del jugador sigue siendo muy favorable. Bernardo considera que el estilo de juego encaja perfectamente con sus características, cree que podría asociarse con naturalidad a futbolistas como Pedri o Lamine Yamal y entiende que su perfil encajaría a la perfección en el proyecto de Hansi Flick.
Sin embargo, también son conscientes de que la voluntad del futbolista, por sí sola, no garantiza absolutamente nada. De hecho, una de las conclusiones que deja todo lo sucedido en los últimos días es que el Barça deberá hacer sentir a Bernardo Silva que realmente es una prioridad. El portugués quiere percibir confianza, protagonismo y una apuesta decidida por su incorporación, algo que el Atlético está intentando transmitirle de forma constante y que obliga al conjunto blaugrana a mover ficha si no quiere que la competencia gane terreno.
Por eso la frase escuchada en Lisboa tiene más recorrido del que podría parecer a simple vista. No se trata únicamente de una valoración sobre la calidad de un futbolista que lleva años demostrando que pertenece a la élite mundial. Es también un aviso sobre una operación que sigue abierta, sobre un jugador que todavía no ha tomado una decisión definitiva y sobre la necesidad de que el Barça acelere si quiere convertir a Bernardo Silva en uno de los líderes de su proyecto para la próxima temporada.
Porque el deseo del jugador continúa siendo un activo muy valioso para Deco. Lo que está por ver es si será suficiente para imponerse a un Atlético de Madrid que, liderado por Mateu Alemany, ha decidido presentar batalla hasta el final.
El 'renacido' Laprovittola sigue demostrando que tiene cuerda para rato
El Barça sigue muy vivo en la pelea por terminar la temporada con el título de la Liga Endesa. Tras batir al UCAM Murcia por 76-100 en uno de los mejores partidos de la campaña, Xavi Pascual y sus jugadores ya están en semifinales.
En ellas, se enfrentarán a La Laguna Tenerife, después de que los canarios se 'cargasen' al Real Madrid en una de las grandes campanadas en lo que va de curso, no solo en la ACB, sino en todo el baloncesto europeo. Los de Txus Vidorreta asaltaron el Movistar Arena por un contundente 95-107, y con total merecimiento acabaron con el equipo de un Sergio Scariolo cuyo futuro está en el aire tras finalizar, de manera inesperada, la temporada en blanco.
Tras el fracaso del cuadro madridista, el Barça tiene a un rival 'inesperado' que se ha convertido en el último escollo para intentar regresar a una final de la Liga Endesa tres años después de la última ocasión. Fue en la campaña 22/23, en el último título logrado por Sarunas Jasikevicius, Nikola Mirotic y compañía, y que hasta el momento, ha sido el único campeonato conquistado por el equipo catalán.
La Laguna Tenerife, último escollo para llegar a la final ACB
Más que nunca, toca ir partido a partido, y el primer reto es empezar de la mejor manera posible la eliminatoria ante los tinerfeños. El primer asalto será el próximo martes 9 a partir de las 20h (CEST) en un duelo que se celebrará en el Palau Blaugrana, ya que el Barça tiene el factor pista respecto a La Laguna Tenerife, que terminó la fase regular en octava posición.
Y para ese partido ante el cuadro de Vidorreta, Nico Laprovittola llegará con la máxima confianza después de su sobresaliente actuación en Murcia. Después de sufrir de manera excesiva con las lesiones en estas últimas dos campañas, el talentoso director de juego argentino regresó a las pistas hace unas semanas tras dejar atrás una rotura completa del tendón del aductor largo del muslo derecho.
'Lapro', de menos a más en la serie
'Lapro' pudo acortar plazos y regresar a la disciplina azulgrana algo antes de los tres meses previstos en el comunicado médico emitido en su día por el Barça a mediados de marzo. Pascual no le dio minutos en el primer partido ante UCAM, y en el segundo, no llegó ni a los cuatro, en los que tan solo pudo sumar una asistencia. Pero en el tercer y definitivo asalto, la historia cambió por completo. Experimentado en batallas de la más alta exigencia, aprovechó los casi 13 minutos que estuvo en pista para destrozar al equipo murciano desde la línea exterior. Deletió al público recuperando aquella versión que le ha permitido convertirse en uno de los mejores jugadores en la historia del baloncesto argentino, y en uno de los mejores fichajes de la última década en el Barça.
Se fue hasta los 14 puntos, con cuatro aciertos desde la línea del triple, y un 2/2 desde la personal. Dio dos asistencias, terminó con 15 créditos de valoración, y en el apartado estadístico del +/-, que recopila los puntos anotados y encajados por el equipo con dicho jugador en cancha, se apuntó un magnífico +22. Tan solo Will Clyburn (27), MVP de la noche, y Jan Vesely (26) le superaron en ese aspecto.
Las palabras de Laprovittola
"No nos tenemos que conformar, tenemos que pensar que tenemos muchos partidos por delante y nos toca pensar en Tenerife. Tenemos muchas cosas por ganar, y hay que aprovecharlo. Tenerife será muy difícil, ellos juegan un basket muy inteligente, se conocen, tienen experiencia y nos tocará ser muy físicos", comentó 'Lapro' a la periodista Ruth Gumbau de '3 Cat' tras el partido. El mejor Lapro está de vuelta, y tanto Pascual, como sus compañeros y la afición azulgrana se frotan las manos con el rendimiento del '20' en el asalto al título de la Liga Endesa.
Málaga CF: el derecho a ilusionarse
Hay semanas en las que una ciudad vuelve a parecerse a sí misma. Sucede pocas veces, porque las ciudades modernas tienen una habilidad extraordinaria para disfrazarse de cualquier cosa menos de ciudad. Un día son destino turístico, al siguiente polo tecnológico, luego capital cultural, sede de congresos, escaparate inmobiliario, marca global y, si queda un hueco entre tanta etiqueta, lugar donde todavía vive gente. Málaga, que en los últimos años ha aprendido a salir muy guapa en las fotografías, vuelve estos días a mirarse en un espejo más antiguo, más sentimental y quizá más verdadero. Ese espejo tiene dos colores, blanco y azul, y se llama Málaga Club de Fútbol.
La ciudad y su espejo blanquiazul
El Málaga se juega la vida, que es una forma exagerada de hablar y al mismo tiempo bastante exacta. En el fútbol siempre se juega la vida y luego, al día siguiente, uno descubre que la vida sigue, que el panadero abre, que el autobús llega tarde y que el vecino continúa pensando que el rellano es una prolongación natural de su trastero. Pero también es verdad que hay vidas simbólicas, vidas pequeñas, vidas compartidas, vidas de domingo por la tarde, transistor, grada, bufanda, padre, hijo, abuelo y amigo que ya no está. Y esas vidas, cuando el balón empieza a rodar en una eliminatoria de ascenso, se ponen todas de pie.
A Málaga le hace falta el Málaga en Primera. No por una cuestión de vanidad provinciana, aunque algo de eso también hay y tampoco conviene pedir perdón por ello. Otras ciudades presumen de catedrales góticas, de tranvías silenciosos, de museos nórdicos y de una calidad de vida que suele consistir en pagar una cerveza a precio de notario. Málaga puede presumir de muchas cosas, pero también necesita presumir de equipo. De equipo grande. De equipo en la élite. De esa presencia semanal en el mapa emocional del país que concede el fútbol con una autoridad que no tiene ningún folleto municipal, ninguna campaña turística y ningún vídeo institucional con música de piano y dron sobrevolando la Alcazaba.
El milagro de seguir siendo sentimiento
El fútbol profesional hace ya mucho tiempo que dejó de ser inocente. Quien a estas alturas crea que un club es sólo once chavales del barrio jugando por amor a la camiseta merece ternura, una tila y quizá una reposición de Verano azul. El fútbol es negocio, industria, derechos televisivos, fondos de inversión, representantes con gafas de sol en interiores, cláusulas, comisiones, algoritmos, patrocinadores y futbolistas que hoy besan un escudo y mañana besan otro con idéntica emoción contractual. Nada de eso debe escandalizarnos demasiado. Vivimos en un mundo en el que hasta la nostalgia se vende. El problema no es que el fútbol sea negocio. El milagro es que, siendo negocio, todavía consiga parecerse a un sentimiento.
Ahí está la grandeza incómoda del Málaga. El club pertenece a un ecosistema profesional en el que casi todo se mide, se compra, se vende y se amortiza, pero su fuerza real sigue naciendo de algo que no cabe en una hoja de cálculo. La fuerza del Málaga no está únicamente en su plantilla, ni en sus técnicos, ni en sus oficinas. Está en esa multitud que decide que las alegrías y las desgracias de un equipo forman parte de su biografía. Gente que podría dedicar su domingo a cosas más sensatas, como ordenar cajones, leer a Séneca o discutir con el aire acondicionado, pero que elige sufrir por once jugadores que no conoce personalmente y que, sin embargo, durante noventa minutos representan algo íntimo y colectivo.
La grada como lugar de encuentro
En un tiempo en el que todo empuja hacia el individuo aislado, hacia el ciudadano convertido en usuario, cliente, perfil, consumidor y propietario de una contraseña que siempre ha olvidado, el fútbol conserva una extraña capacidad de reunión. Nos junta. Nos mezcla. Nos iguala, aunque sea durante un rato. En la grada desaparecen algunos disfraces sociales. El señor que presume de racionalidad acaba gritándole al árbitro con una vehemencia impropia de su currículo. El prudente invoca a todos los santos. El descreído reza. El tímido abraza a un desconocido. El moderno, que no se emociona con nada anterior a una serie danesa, se pone una camiseta blanquiazul y descubre que todavía tiene corazón, lo cual siempre resulta una noticia inquietante.
Málaga necesita también ese tipo de orgullo. No el orgullo hueco de la postal ni el orgullo autocomplaciente de la ciudad que se aplaude a sí misma porque le han abierto otra terraza con plantas artificiales. Hablo de un orgullo más humilde y más profundo. El orgullo de pertenecer. De reconocerse. De saber que hay una historia compartida por debajo del ruido. La ciudad vive instalada en una euforia permanente, como si todos los días hubiera que inaugurar algo, vender algo o aparecer en algún ranking. Somos la ciudad de moda, dicen. Y uno no sabe si alegrarse, preocuparse o pedir cita con el dermatólogo por si la moda termina dando alergia.
Una ciudad llamada a Primera
El Málaga CF se parece un poco a esa ciudad. También ha vivido de promesas, de grandezas, de caídas, de proyectos, de entusiasmos repentinos y de decepciones laboriosamente administradas. También conoce la distancia entre lo que se anuncia y lo que ocurre, entre lo que se sueña y lo que permite la contabilidad, entre la épica y el embargo emocional. También sabe lo que es mirar hacia arriba con ganas y hacia abajo con miedo. También ha sentido que todo podía ser maravilloso justo antes de descubrir que la vida venía con letra pequeña, cláusulas confusas y un señor en un despacho diciendo que había que tener paciencia.
Por eso este play off no es únicamente una eliminatoria. Es una metáfora bastante decente de lo que somos. Málaga vive como una ciudad llamada a Primera, pero con problemas de Segunda que nadie debería despreciar. El Málaga juega como un club que quiere regresar a la élite después de haber aprendido, a veces con demasiado dolor, que la historia no perdona la soberbia ni los castillos construidos con humo. Ambos, ciudad y club, necesitan subir sin olvidar de dónde vienen. Necesitan ambición, claro, pero también memoria. Necesitan crecer, pero no desfigurarse. Necesitan ganar, pero sin perder el alma en el camino.
El derecho a venirse arriba
La ilusión está bastante desprestigiada. Vivimos rodeados de especialistas en enfriar cualquier entusiasmo. A cada alegría le sale enseguida un perito de la prudencia, un contable del desencanto, un señor muy informado que recuerda que todo es complicado, que el rival también juega y que no conviene venirse arriba. Naturalmente, tiene razón. El problema de los aguafiestas es que casi siempre tienen razón, y por eso resultan tan insoportables. Pero hay momentos en los que una ciudad tiene derecho a venirse arriba, aunque sea con elegancia, que para eso Málaga inventó la forma de exagerar sin despeinarse demasiado.
Una ilusión compartida
Ojalá suba el Málaga. Ojalá vuelva a Primera. Ojalá la ciudad recupere ese lugar que siente suyo, no por decreto ni por soberbia, sino por historia, afición y merecimiento sentimental. Y si no ocurre, porque el fútbol tiene la desagradable costumbre de no obedecer los artículos de opinión, al menos que nadie nos quite estos días. Ya vendrán luego los analistas, los prudentes, los cenizos, los balances y los expertos en explicar a toro pasado lo que jamás supieron prever antes.
Ahora conviene disfrutar. Disfrutar de la espera, del cosquilleo, de la conversación, de la camiseta preparada, del nervio en el estómago y de esa emoción infantil que sobrevive milagrosamente en adultos cargados de hipotecas, obligaciones y achaques. Porque al final, después de tanto negocio, tanta modernidad, tanta cifra y tanta pose, todo se reduce a algo muy sencillo. Un equipo, una ciudad y una ilusión compartida. Málaga y el Málaga. La dupla perfecta. Malagueño y malaguista. Dos maneras de decir lo mismo con el corazón acelerado y la esperanza vestida de blanquiazul. Viva Málaga.
