Ana Tainta, nueva baja para el Recoletas Zamora
Sigue el carrusel de bajas en el CD Zamarat. Hoy el club ha despedido a Ana Tainta, jugadora que llegó la pasada temporada al Recoletas Zamora y que se convirtió en una de sus piezas fundamentales a lo largo de la temporada en la Liga Challenge. truewildgame.online
El club ha señalado que esta despedida "sabe más a un hasta pronto que a un adiós" y ha reconocido "el talento, el trabajo y el tesón" de una jugadora cuyos números fueron importantes bajo la tutela de Raúl Pérez y que, por desgracia, sufrió una grave lesión de rodilla que le impidió acabar la temporada en pista junto al resto de sus compañeras.
Precisamente, sobre dicha lesión, se pronunció el club en el anuncio de su adiós. El CD Zamarat deseó que se recupere "a su ritmo, con calma y la misma energía con la que ha afrontado cada reto", afirmando que la entidad naranja desea su vuelta en el futuro: "te esperamos con los brazos abiertos porque esta es tu casa".
Lionel Scaloni hizo debutar a cuatro jugadores en el 2-0 de Argentina a Honduras y uno pelea por un lugar
En el amistoso en que la selección argentina venció a su par de Honduras po 2-0 en College Station, Texas, Estados Unidos, rumbo al Mundial 2026, Lionel Scaloni hizo valer la lista correspondiente a esta doble ventana FIFA, que con 55 citados es más amplia que la definitiva de 26 jugadores. Entre múltiples tocados que serán exigidos en estos días y las ganas de ver nuevas opciones a futuro, cuatro futbolistas tuvieron su debut en el combinado nacional.
A falta de diez minutos para el desenlace, el entrenador decidió tres modificaciones adicionales a las seis que ya había realizado, cosa que permiten estos amistosos. Santiago Beltrán, que se destacó durante los últimos meses en River reemplazando al campeón de Qatar 2022 Franco Armani, ingresó por Juan Musso, uno de los tres arqueros que fueron confirmados como mundialistas. Al mismo tiempo, el volante ofensivo Tomás Aranda, la aparición que mejoró el nivel de Boca en el semestre, suplió a Exequiel Palacios. Y a la par, Nicolás Capaldo, futbolista de Hamburg, de Alemania, entró en lugar de Giuliano Simeone, autor del segundo gol a Honduras.
Santiago Beltrán, Nicolás Capaldo y Tomás Aranda ingresaron en el duelo vs. Honduras y debutaron con la casaca de la selección argentina 🇦🇷👏 pic.twitter.com/fi2TQ5qVmA
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En el caso de los primeros dos, se trató del inicio de los proyectos que representan para la selección a raíz desde sus buenas actuaciones en los dos gigantes del fútbol nacional. En cambio, el ingreso de Capaldo se vincula con algo inmediato: el desgarro que sufrió el zaguero Leonardo Balerdi abrió un cupo que el cuerpo técnico examina, con un amplio abanico de alternativas. El surgido en Boca tiene una polifuncionalidad que se evidenció en ese pequeño rato que pasó en la cancha. ¿Se meterá a la nómina de 26?
Cuando apareció en Boca se lo observó como un volante más presto a lo actitudinal que al juego, en el sector derecho. Con el correr de los años en Europa (actuó antes en Salzburg, de Austria, desde 2021, y el año pasado se mudó a Alemania), aprendió a ser defensor lateral derecho, y, en ciertas jornadas juega como primer zaguero central. Es diestro, como Balerdi, y tiene aire para recorrer la banda derecha, una zona que también tiene en vilo a Scaloni: Nahuel Molina Lucero y Gonzalo Montiel aún se entrenan de manera diferenciada por desgarros y en las próximas horas serán sometidos a pruebas exigentes (como otros) para conocer sus estados, con la posibilidad de que se pierdan la Copa del Mundo.

Sin embargo, sorprendió el lugar en el que el director técnico posicionó a Capaldo en el Kyle Field. Con los movimientos que hubo en la mitad de la cancha producto de las múltiples modificaciones, la decisión fue que Capaldo fuera volante por la izquierda, casi extremo, un región del campo asociada a Thiago Almada o Simeone, entre los que jugaron anoche. De todos modos, el surgido en Boca ocupó ese lugar durante menos de cinco minutos. Cambió de sitio cuando llegaron más cambios.
Otro estreno fue el de Joaquín Freitas, otro de los chicos que se rebelaron en River y tienen una posibilidad en la selección mayor. El del atacante fue el debut número 65 de la era Scaloni, y para que se produjera salió Nicolás Otamendi. Por esa variación, Facundo Medina se movió al sitio de zaguero central y liberó el lateral izquierdo. Y allí se paró el pampeano Capaldo, de 27 años. Por consiguiente, tras su origen en el costado derecho de la mitad de la cancha, Capaldo hoy puede jugar en ambos costados de la defensa, ser primer zaguero o bien volante por la izquierda. Muchas opciones en un momento sensible, entre físicos que preocupan a pocos días del debut, que será ante Argelia el 16 de junio.

Por su parte, Beltrán casi que no tuvo acción, salvo por una pelota aérea bien descolgada. Freitas ocupó el costado derecho pero casi sin participación en el juego. Aranda mostró el atrevimiento que lo caracteriza en Boca, se hizo cargo de alguna pelota parada y remató al arco, demandando una estirada del arquero Edrick Menjivar. El propio Capaldo le bajó al volante xeneize la pelota para aquella definición; en contrapartida, se ganó una tarjeta amarilla por un fuerte e innecesario cruce.
¡GRAN REMATE DE ARANDA!
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La joya de Boca disparó desde afuera del área y se encontró con la respuesta de Menjivar. pic.twitter.com/G5DEGo81CR
“Creo que en el futuro van a darnos alegrías, nos generan una enorme ilusión. De Freitas nos encantó su forma de entrenarse. Aranda tiene potrero; tuve que decirle «sacate el chicle antes de entrar». Entra como en su casa, está cómodo y muy bien. Y a Santi [Beltrán] ya lo conocemos. No es más sparring: ya es uno de nosotros”, declaró Scaloni sobre los jóvenes debutantes que serán parte del futuro recambio. Pero Capaldo parece tener una oportunidad que ellos no: en el amistoso restante, frente a los islandeses, puede convencer al entrenador de que debe otorgarle el cupo que se abrió.

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Las horas más difíciles de Balerdi: del abrazo con Scaloni a la decisión de dejar la concentración
KANSAS CITY, Estados Unidos (Enviado especial).- El dolor más grande no estaba en el sóleo derecho. Estaba en otro lado. En el abrazo con Lionel Scaloni. En las lágrimas que llegaron después, ya solo en su habitación del hotel The Stella, en College Station. En la certeza de que el Mundial que había imaginado durante años se había terminado antes de empezar.
Por eso se fue. Apenas unas horas después de quedar desafectado de la lista argentina, Leonardo Balerdi dejó la concentración con la intención de regresar a Buenos Aires para refugiarse junto a su familia. No quiso quedarse. No estuvo en el estadio para el amistoso frente a Honduras, donde sí acompañaron al grupo otros futbolistas que no participaron del partido, como Emiliano Martínez, Leandro Paredes, Julián Álvarez y Nahuel Molina. Mientras la selección afrontaba una de sus últimas pruebas antes del debut, el puntano intentaba asimilar el golpe más duro de su carrera.
Existía la posibilidad de permanecer junto a la delegación durante el Mundial. De hecho, varios futbolistas lesionados en otras competencias suelen quedarse con el grupo aunque ya no formen parte de la lista. Sin embargo, una vez iniciado el torneo, Balerdi ya no habría tenido acceso a varios sectores reservados exclusivamente para los 26 inscriptos. En Europa tampoco lo esperaba ninguna urgencia: durante el Mundial no habrá competencia oficial y los entrenamientos de Olympique de Marsella recién comenzarán hacia finales de julio.
La lesión se había producido el viernes por la tarde, en Ellis Field, cuando la prensa ya se había retirado del entrenamiento. Los estudios posteriores confirmaron una lesión muscular que lo iba a dejar fuera de toda la fase de grupos. Era demasiado tiempo para un certamen tan corto. El reglamento todavía permitía incorporar un reemplazante y la decisión terminó siendo inevitable.

Scaloni fue quien se la comunicó personalmente. No fue una charla más. El entrenador lo conoce desde hace años, mucho antes de la selección mayor. Lo dirigió en el torneo de L’Alcúdia de 2018, el primero de su carrera como técnico, cuando Balerdi era uno de los jóvenes que integraban aquel plantel junto con Agustín Almendra, Aníbal Moreno, Facundo Colidio, Gonzalo Maroni, Fausto Vera, Gastón Ávila y Francesco Lo Celso. Desde entonces, la relación siempre fue cercana.
Por eso la conversación estuvo cargada de emoción. Scaloni intentó acompañarlo más allá de la decisión deportiva. Le habló casi como un padre. Balerdi escuchó la noticia que nadie quiere escuchar a diez días de un Mundial. Hubo silencio. Hubo lágrimas. Y hubo un abrazo entre dos personas que compartían la misma tristeza, aunque desde lugares distintos.

Cuando salió de esa reunión, el defensor volvió a su habitación y se quebró. A los 27 años estaba a punto de disputar el primer Mundial de su carrera. Había llegado a Estados Unidos ilusionado, después de consolidarse como capitán y referente de Olympique de Marsella. Once familiares tenían previsto viajar para acompañarlo durante el torneo. Todo eso desapareció de un momento a otro.
La escena impactó también puertas adentro de la delegación. El clima en el hotel cambió por completo. Nadie publicó mensajes en redes sociales. No hubo despedidas públicas ni fotos de apoyo. Fue una forma de respetar una tristeza demasiado reciente. Las muestras de afecto llegaron en privado. Desde Lionel Messi hasta los utileros, empleados, colaboradores y miembros del cuerpo técnico. Balerdi es uno de esos futbolistas que crecieron dentro de la estructura de la AFA y construyeron vínculos profundos a lo largo de los años.
🗣️ SCALONI Y LA LESIÓN DE BALERDI: "lamentablemente tuvimos que darlo de baja porque no cumplía con los requisitos mínimos para ayudarnos, al menos en la fase de grupos. Era demasiado arriesgado. Afrontar este partido fue difícil porque todo el grupo quedó tocado por lo que le… pic.twitter.com/jnAPG0zdhF
— TyC Sports (@TyCSports) June 7, 2026
El silencio también se trasladó al amistoso frente a Honduras. En un contexto mucho más flexible que el de una competencia oficial, donde no hubiera resultado extraño ver una bandera, una camiseta o algún gesto de respaldo hacia un jugador que acababa de quedarse afuera del Mundial, no hubo nada de eso. Tampoco declaraciones. Tras el partido, ningún futbolista pasó por la zona mixta. El único que habló fue Lionel Scaloni. El resto se retiró en silencio, todavía atravesado por una noticia que había conmovido a todos apenas unas horas antes.
La sensación de injusticia era todavía mayor porque no era la primera vez que una lesión se cruzaba en su camino con la camiseta argentina. En marzo había sufrido otro problema muscular que lo apartó de los amistosos frente a Mauritania y Zambia, y que también le hubiera impedido disputar la Finalissima contra España. Aquella vez logró recuperarse. Esta vez no hubo margen.

Tampoco era la primera vez que una lesión lo dejaba al margen de un torneo con la Argentina. En el Sudamericano Sub 20 de 2019 vivió una experiencia parecida. Primero abandonó momentáneamente la concentración para viajar a Alemania y cerrar su transferencia a Borussia Dortmund, que pagó cerca de 12 millones de euros por un futbolista que apenas acumulaba cinco partidos en Boca. Cuando regresó al seleccionado, fue alcanzado en el rostro por los tapones de José Luis Zalazar, mediocampista de la Celeste, en una jugada accidental que le provocó una lesión en la boca que obligó a una intervención quirúrgica. Poco después, la AFA informó su desafectación de un campeonato que Argentina terminaría perdiendo sobre el final ante Brasil.
Esta historia tuvo un desenlace distinto. No hubo una jugada desafortunada ni una entrada rival. Fue una lesión en un entrenamiento, lejos de las cámaras y cuando el Mundial ya estaba a la vuelta de la esquina. Tan cerca que la frustración resultó imposible de esconder. Tan cerca que ni siquiera quiso quedarse para verlo empezar.
El Córdoba CF y su temporada 2025-2026, en diez momentos: ilusión, drama, resurrección y resignación
La temporada 2025-2026 ya forma parte de la historia reciente del Córdoba CF. No tanto por el desenlace, que dejó una sensación agridulce tras una permanencia cómoda pero sin el premio añadido de pelear hasta el final por el ascenso, sino por todo lo que sucedió durante el camino. Porque el equipo de Iván Ania transitó por prácticamente todos los estados posibles: ilusión, crecimiento, crisis, polémica, resurrección y, finalmente, resignación. Una campaña, a fin de cuentas, que no quedará para la posterioridad por los números, pero que sí deja una colección de episodios que marcaron el relato califal en un segundo curso consecutivo dentro del fútbol profesional de lo más agitado, para bien y para mal.
Un verano cargado de ilusión
Tras un ejercicio 2024-2025 de adaptación a la categoría, con una holgada permanencia e incluso un ligero amago de engancharse a la zona noble en la primavera de 2025, el Córdoba CF se presentó en el verano previo al recién concluido campeonato de LaLiga Hypermotion decidido a armar una plantilla capaz de lograr la clasificación para la fase de ascenso. Es más, así lo había exteriorizado la propia entidad.
Siguiendo ese planteamiento, la comisión deportiva también se movió con rapidez. Apenas transcurrida una semana de junio, ya había cerrado tres incorporaciones: Adrián Fuentes, Dalisson de Almeida y, sobre todo, el gran golpe mediático del verano, Sergi Guardiola, cuyo regreso a El Arcángel disparó la ilusión entre la afición.
Aquellas llegadas coincidieron además con las primeras mejoras estructurales visibles en el estadio, generando un ambiente de optimismo generalizado que invitaba a pensar en cotas más elevadas.
La respuesta de la ciudad
La ilusión tuvo una respuesta inmediata en las gradas. La campaña de abonados, presentada bajo el lema «Sigamos creciendo juntos», se convirtió en la más exitosa de la historia de la entidad. Lanzada el 16 de junio tras su presentación oficial el día 10, fue batiendo récords a un ritmo vertiginoso.
El 4 de julio ya se habían superado los 10.000 abonados. Apenas dos semanas después se alcanzó la barrera de los 15.000. Finalmente, el club cerró la campaña con 17.370 carnés expedidos, superando incluso el límite logístico inicialmente fijado en 17.000, ante la altísima demanda por parte del cordobesismo.
Otro arranque dubitativo
Sin embargo, la euforia estival volvió a encontrarse con una realidad ya conocida durante la etapa de Iván Ania: los arranques ligueros complicados.
Las tres primeras jornadas dejaron únicamente un punto de nueve posibles. El estreno en El Molinón terminó con derrota frente al Sporting de Gijón (2-1), pese a las buenas sensaciones. Peor fue el debut en casa, donde la UD Las Palmas se impuso con claridad en El Arcángel (1-3). El primer punto llegó en Valladolid (0-0), en un encuentro marcado por la polémica del gol anulado a Jacobo González.
Reactivación y expectación
La reacción llegó en la cuarta jornada. El triunfo frente al Castellón (2-1) sirvió como punto de partida para una mejoría progresiva. Incluso la posterior derrota ante el Andorra (3-1) acabó funcionando como un punto de inflexión.
A partir de ahí, el Córdoba CF comenzó a construir una identidad más sólida. Se convirtió en uno de los visitantes más fiables de la categoría, encadenando hasta nueve desplazamientos consecutivos sin dejar de puntuar, mientras que en el hogar fue encontrando una regularidad que le permitió acercarse a la zona alta.
No obstante, el tramo final de 2025 volvió a dejar ciertas dudas. Antes del parón navideño, el equipo solo sumó siete de los últimos 21 puntos en juego.
Un mercado invernal sin impacto
Con la llegada de enero, el club decidió intervenir. El área deportiva reforzó la plantilla tanto con vistas al presente como al futuro. Llegaron Álvaro Trilli y Mikel Goti para responder a necesidades inmediatas, mientras que Diego Percan fue incorporado como apuesta de recorrido. También se cerró el fichaje de Víctor Sánchez, que fue cedido de forma inmediata al Marbella de Primera Federación para que cogiera vuelo.
Sin embargo, el mercado terminó lejos del impacto que sí tuvieron año atrás incorporaciones como Alberto del Moral, Rubén Alves o Pedro Ortiz. Ninguna de las nuevas piezas logró modificar sustancialmente el techo competitivo del equipo, más allá del fogonazo inicial del vizcaíno, que se estrenó siendo coreado por El Arcángel y acabó la temporada cumpliendo con un rol mucho más discreto.
La primavera del sueño
Pese a ello, el combinado califal alcanzó la primavera en uno de sus mejores momentos del curso, tras otra reacción en consecuencia. El equipo de Iván Ania se instaló en la pelea por el play off, igualando en varios momentos la puntuación de la sexta plaza y llegando a convivir prácticamente cada jornada con las calculadoras.
La oportunidad más clara llegó en aquella semana cargada de compromisos que incluyó la visita al Almería y el encuentro aplazado frente al Ceuta. Dos victorias habrían permitido a los blanquiverdes entrar de lleno en la zona de promoción, e incluso con un empate, alcanzar los puestos nobles habría sido posible. No ocurrió. Aquellos partidos acabaron convirtiéndose en el inicio del peor periodo competitivo de la entidad.
La peor racha de la historia en Segunda
Porque lo que llegó después fue un desplome inesperado. Desde la derrota en el UD Almería Stadium hasta la visita a Riazor, el Córdoba CF apenas sumó un punto de 24 posibles. El balance fue demoledor: siete derrotas y un empate. La igualada llegó ante el entonces colista Mirandés, en un encuentro especialmente doloroso después de desperdiciar una ventaja de 2-0 en El Arcángel.
Aquella secuencia de resultados apartó prácticamente al equipo de la pelea por el ascenso y provocó que, por momentos, la atención se desplazara más hacia la zona de descenso que hacia la parte noble de la clasificación. El balance era desolador, tras pasar de pelear por objetivos nobles a instalarse en la peor racha de toda la historia blanquiverde en Segunda División.
Lesiones, bajas y polémica
La crisis deportiva coincidió además con un momento especialmente delicado en la enfermería. Y es que semana tras semana, la realidad del Córdoba CF había pasado a ser el convivir con siete, ocho e incluso nueve bajas simultáneas. Una situación, claro está, que condicionó aún más el ya entonces pobre rendimiento colectivo.
En medio de ese escenario surgió además uno de los episodios más comentados del curso. Rubén Alves, recuperado de sus problemas musculares y convocado para medirse al Sanse en El Arcángel, terminó quedándose fuera a última hora tras comunicar al cuerpo técnico que no se encontraba preparado para competir. «Fue convocado, pero me dijo que no se veía para jugar y que no estaba disponible. Ante eso, lo saqué de la convocatoria», explicó posteriormente Iván Ania.
Un episodio que levantó cierto debate durante varias semanas, aunque terminó diluyéndose con el regreso del central y su posterior buen rendimiento -cuando estuvo disponible, fue el más destacado de la zaga-, pese a encadenar otra nueva lesión muscular en el último arreón de calendario.
Resurreción fulgurante, pero insuficiente
Precisamente la vuelta de Rubén Alves fue uno de los factores que ayudó a cambiar la dinámica. El punto de inflexión definitivo llegó en Cádiz. A partir de aquel triunfo, el Córdoba CF encadenó seis victorias consecutivas, igualando la mejor racha de resultados de su historia en el fútbol profesional, fijada desde la 1959-1969 por parte del mítico Roque Olsen.
Cayeron de manera consecutiva Zaragoza, Cultural Leonesa, Sporting de Gijón, Castellón y Granada, para completar un espectacular seis de seis que devolvió la ilusión al panorama, aunque con las cuentas como enemigo.
Sin embargo, la reacción llegó demasiado tarde. La derrota posterior frente al Albacete acabó con cualquier posibilidad matemática. Además, el paso de las jornadas terminó demostrando que ni siquiera un pleno en el tramo final habría sido suficiente. El play off cerró finalmente en 72 puntos, la cifra más alta registrada en el actual formato de promoción.
Un desenlace sin brillo
Con el objetivo ya perdido, el cierre de campeonato volvió a dejar sensaciones encontradas. La derrota en Éibar fue especialmente dolorosa por la imagen ofrecida durante la primera mitad, hasta el punto de provocar una comparecencia especialmente autocrítica de Ania, que reconoció que no podían «dar la imagen que dimos en la primera parte» tras el pleito.
La última jornada tampoco permitió una despedida feliz. El Córdoba CF recibió al Huesca de José Luis Oltra, ya descendido matemáticamente, en un encuentro con escasos alicientes más allá del componente económico derivado de la clasificación final. En él, Sergi Guardiola adelantó a los blanquiverdes en una tarde cargada de simbolismo para el balear, pero Jordi Escobar igualó el encuentro en los compases.
Fue el último capítulo de una temporada que dejó una mejor clasificación que la del curso anterior -cinco posiciones y seis puntos más-, pero también la sensación de que, con lo puesto, no acabó dando para optar a algo más ambicioso.
